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El crucero Cuba, el buque de guerra más grande de Cuba en la II Guerra Mundial.
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El crucero Cuba, el buque de guerra más grande de Cuba en la II Guerra Mundial. (Foto: Pinterest)

Reportaje. Víctimas casi por casualidad: cubanos que perdieron la vida en la II Guerra Mundial

domingo 13 de mayo de 2018, 07:00h

A la entrada del puerto de La Habana, frente al Castillo de la Fuerza, se levanta un sencillo monumento en forma de obelisco que rinde homenaje a los marinos cubanos que perdieron la vida durante la II Guerra Mundial, a pesar de que el país no estuvo directamente involucrado en la contienda. Siendo así, cerca de 80 ciudadanos cubanos se dejaron su último aliento en un conflicto cruel que enterró para siempre en el océano seis buques del país. No en vano las aguas caribeñas fueron escenario de diversas acciones de combate.

Dirigía en aquellos días el país caribeño Fulgencio Batista, que había alcanzado el poder en 1940, y el estallido de la guerra supuso un soplo de aire fresco para Cuba, pues la economía experimentó un alegre subidón. En cuanto Japón bombardeó Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, Batista, al igual que otros dirigentes latinoamericanos, declaró la guerra al Eje Alemania-Italia-Japón y contribuyó al desarrollo de la contienda autorizando el establecimiento de bases navales y aéreas en su territorio y cooperando con el patrullaje naval de Estados Unidos. Se estableció entonces una base aérea en San Antonio de los Baños, a veinte kilómetros de La Habana, y otra en San Julián, en el extremo occidental de la isla. Se construyó un campo de aterrizaje de aviones en Camagüey y dos apostaderos —en Caibarien y en la Isla de Pinos— para dirigibles, todo ello centrado en la lucha contra los temibles submarinos nazis. Como medida auxiliar, se artillaron los buques mercantes cubanos y Washington prestó doce cazasubmarinos a la Marina de Guerra Cubana, como flotilla estructurada en cuatro escuadrillas de tres unidades, que empezaron a operar en abril de 1943, escoltando a los buques mercantes entre puertos cubanos y al ferry diario Seatrain, que unía La Habana con Florida.

Contratorpero cubano CS-13. Autor. Pinterest.

Petróleo vital

Recién estrenado 1942, la mayor refinería del mundo en aquel momento, situada en Aruba —frente a las costas venezolanas— trabajaba a pleno rendimiento para producir más de siete millones de barriles de gasoil, gasolina de aviación, gasolina, queroseno y lubricantes, todo ello esencial para los países en guerra. Era un objetivo demasiado goloso como para pasar desapercibido. Y en cuestión de días, el 16 de febrero, varios submarinos alemanes se presentaron allí para lanzar un ataque feroz que terminó con siete petroleros torpedeados, una semana el puerto cerrado a cal y canto por el terror y un colapso casi total de la producción de crudo. A lo largo de los días que siguieron —entre febrero y marzo— los submarinos nazis hundieron 23 petroleros en el Caribe. En abril fueron 11 los barcos hundidos, que subieron en mayo hasta 38, en junio 48 y durante dos semanas hundieron un buque al día. No sería hasta julio cuando los alemanes perderían su primer submarino contra 17 barcos hundidos por su parte.

La situación de caos y pánico provocó entonces que Estados Unidos reaccionara organizando el transporte de mercancías en el Caribe mediante la configuración de convoyes que pudieran garantizar, en parte, la seguridad. El sistema, que llamaron interlocking, cubría la ruta Trinidad-Aruba-Guantánamo-Nueva York. No lo lograron del todo, pues la escasez de barcos de escolta hizo imposible evitar los ataques y estos buques destinaron sus máximos esfuerzos al rescate de víctimas y supervivientes. Los alemanes, lejos de amedrentarse —sus submarinos parecían casi invencibles—, enviaron a la zona nuevas naves más potentes, capaces de desplazar 700 toneladas y con mayor autonomía y carga de torpedos. Como un goteo desesperante, el ejército nazi logró hundir en 1942 un total de 263 buques aliados, mientras que estos sólo consiguieron destruir cuatro submarinos alemanes. En noviembre Hitler llamó a sus hombres a combatir en el norte de Africa y la presión sobre el Caribe se suavizó. Pero no terminó el acoso.

Vista de popa del contratorpero cubano CS-13. Autor. Pinterest.

Transporte de azúcar

La producción azucarera cubana también tuvo su importancia en aquel momento, pues Estados Unidos importó el producto en grandes cantidades para, a su vez, exportarlo después a Inglaterra y Rusia, a un precio superior a los cinco dólares el kilo. Como es lógico, el 'oro dulce' debía viajar desde la isla caribeña a Estados Unidos en cargueros que también eran objetivo de los torpedos nazis. Uno de ellos, el tanquero a vapor Mambí, cargado con miel, azúcar y diversos abastecimientos para las fuerzas aliadas, cayó el 13 de mayo de 1943 —se cumplen ahora 75 años— víctima de un torpedo nazi lanzado desde un submarino, un disparo que también hundió a otro barco similar, el Nickeline, de bandera norteamericana, que transportaba combustible y formaba parte del mismo convoy. Gran parte de su tripulación murió en el ataque, 23 de los 33 hombres a bordo, todos ellos sencillos marineros cubanos, la mayoría procedentes de la barriada marinera de Reina, en Cienfuegos. Terminó allí la historia de aquel viejo carguero cubano construido en 1883 que llevaba seis décadas navegando.

El buque mercante cubano SS Manzanillo. Autor. Pinterest.

No fue el único; en aquellos días fueron hundidos, en aguas cercanas a Cuba, el pesquero Lalita —murió uno de sus tripulantes—, los buques mercantes Bahía de Manzanillo —23 muertos— y Santiago de Cuba —diez fallecidos—. Estos hechos provocaron que la Marina de Guerra cubana tomara parte en la batalla del Caribe, a pesar de que tenía pocas unidades y todas ellas anticuadas y mal preparadas para una guerra de esas características. Por ello, el obsoleto crucero Cuba, el mayor buque de guerra cubano, y el buque escuela Patria se desplazaron a Texas, donde serían reformados y modernizados en los astilleros navales de Galveston. Una tarea que se prolongó durante casi un año. Otros barcos del país caribeño vivieron experiencias similares, como los cañoneros Baire, Yara, Juan Bruno Zayas, Pinar del Río, 4 de septiembre, Matanzas, Santa Clara, Camagüey, Oriente y Donativo, además de los buques auxiliares BA-1, BA-2, BA-3, BA-4, BA-5, BA-6 y BA-7. Al término de la contienda, el Cuba había escoltado un total de 89 mercantes aliados y el Patria, hasta 70.

Para ese momento las tornas habían cambiado. Solo en 1943 fueron destruidos 237 submarinos alemanes en el Atlántico, con la pérdida de sus tripulaciones, pero no dejaron de ser un peligro. El 4 de octubre de 1943 los nazis hundieron el mercante cubano Libertad, perdiendo la vida 25 tripulantes cubanos. Al año siguiente aún persistía el acoso: en febrero de 1944 sucumbieron dos mercantes cubanos, el 24 de febrero y el Mínima, con dos víctimas mortales más.

El buque de transporte de azucar Mambi. Autor. Pinterest.

El balance final

Terminada la guerra se conocieron, mediante los archivos documentales que dejó la Marina Alemana, algunos datos de interés sobre el suceso que destruyó al Mambí. El responsable de la tragedia fue el U-176, comandado por el kapitänleutenant Reiner Dierksen, un submarino que ya había hundido previamente once buques con la pérdida de 53.307 toneladas. Pero no tuvo demasiada suerte. Dos días después, el 15 de mayo, una escuadrilla de cazasubmarinos cubanos, integrada por el CS-11, el CS-12 y el CS-13, navegaba desde Isabela de Sagua hasta La Habana escoltando al mercante hondureño Wanks y al cubano Camagüey, ambos transportando azúcar. Poco antes se habían avistado submarinos nazis al norte de Matanzas. Con la ayuda de un hidroavión norteamericano monomotor del tipo OS2U Kingfisher, el alférez de fragata cubano Mario Ramírez Delgado, comandante del CS-13, lanzó tres cargas de profundidad, alcanzando de lleno al submarino, que registró una cuarta explosión, seguramente debido al estallido de alguno de los torpedos que cargaba. Un segundo ataque sirvió para rematar la faena.

El buque escuela Patria de la Armada de Cuba. Autor. Pinterest.

El balance final de aquella interminable guerra fue para la modesta Cuba sangrante: había perdido seis buques y alrededor de 80 marinos. Según sentenció más tarde el senador norteamericano Kenneth McKellar, “los marinos cubanos se comportaron como hombres de acero sobre barcos de madera”.

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